Colegio Cervantes

Colegio Cervantes Primaria, A.C.

Jardín de niños y Primaria

Marcelino Champagnat 2845

Col. Loma Bonita Sur. Zapopan, Jal. México

Código Postal 45086

Tel. (33) 3631-3155, 3631-3468 y 3632-5719

Clave SEP Primaria: 14PPR0199D

Clave SEP Jardín de Niños: 14PJN0727O




Cronograma de actividades

VIALIDAD

 

¡FELIZ REGRESO A CLASES!

 

SALONES 31 y 45  

 

TERCERO Y CUARTO DE PRIMARIA, RESPECTIVAMENTE.  

 

¡MUCHAS GRACIAS A LOS PADRES DE FAMILIA QUE COLABORAN EN LA SEGURIDAD DE NUESTROS ALUMNOS Y SUS FAMILIAS!

 ¡MIL GRACIAS! 

 

ACTIVIDADES ESCOLARES

 

LUNES 13:

 

¡SEAN TODOS BIENVENIDOS! 

HORARIO REGULAR DE CLASES 

POR LA TARDE REINICIAN

LAS ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES

 

OJO: SEMANA DE EXÁMENES Y PROYECTOS

 

MIÉRCOLES 15:

 

EXAMEN BIMESTRAL DE ESPAÑOL

 

JUEVES 16:

 

EXAMEN BIMESTRAL DE INGLÉS

ÚLTIMO DÍA PARA EL PAGO DE

LA COLEGIATURA MENSUAL

 

VIERNES 17:

 

EXAMEN BIMESTRAL DE MATEMÁTICAS

 

 

REFLEXIÓN

 

PENSAMIENTO PARA ESTA SEMANA:

"¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!"

(Del Evangelio del Segundo Domingo de Pascua, 

Domingo de la Divina Misericordia: Jn. 20, 19-31)

 

"Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

 

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre."

 

REFLEXIÓN:

 

Vagaba por las calles de Jerusalén. Taciturno. Lloroso. Con la tristeza echada sobre los hombros. Iba arrastrando su dolor por secretas rutas de soledad.

 

Tomás era un hombre con una inmensa nostalgia de amar y de ser amado. Había vivido felicísimo al lado de Jesús, el único verdadero amigo que había tenido. Pero ahora había muerto y, con él, la esperanza. Y cuando muere la esperanza, ¿para qué vivir más?

 

Era cierto que estaban los demás: sus compañeros, a quienes, también como él, Jesús había llamado. Pero, ¿para qué ir con ellos? Si ya nada ni nadie podía llenar el hueco que la muerte de Jesús había dejado en su corazón. “Tomás no estaba con ellos…”

 

Amaneció el domingo. ¡Se sentía tan cansado! Se había hecho tanto daño. Ya no sabía si sufría por Jesús o por sí mismo. Cuando anocheció, su necesidad de amigos lo impulsó hacia los demás. Esperaba encontrarlos igual de tristes y desesperados. Llamó a la puerta de la amistad.

 

-¡Fíjate, Tomás! ¡Jesús resucitó –estallaron de alegría los discípulos- está vivo! ¿Te acuerdas que nos dijo que resucitaría? Pues hace unos minutos comió aquí. ¡Mira, todavía están sobre la mesa las sobras del pescado!-
Tomás, en su confusión, no sabía qué pensar. De pronto, un rayo negro cruzó su mente: “Jesús se apareció a ellos; pero no a mí”. Fue un pensamiento rápido, fugaz; pero suficiente cruel como para matar todo resto de fe.

 

-¡No es posible! –gritó-. Si no veo en sus manos las heridas de sus clavos, y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado no lo podré creer. Dio la espalda a sus amigos. Cerró de un portazo. Y la noche se lo tragó en su calles. Entonces Tomás lloró como nunca lo había hecho. Las lágrimas quemaban su rostro como la misma duda que laceraba su corazón. Jesús, el único verdadero amigo que creía tener, había resucitado, pero no para él. Dudaba del amor del Señor. Y dudar del amor, es dudar de la resurrección.

 

Los días siguientes pasaron como un vértigo oscuro y doloroso. Pero el amor que le tenía a Jesús no podía acabar en las sucias calles de Jerusalén. Y volvió con los suyos. Lo recibieron amistosamente. Ya no le impusieron la resurrección; no le dieron pruebas, o más bien, sólo dieron una prueba: lo recibieron con amor.

 

“Ocho días después… Tomás estaba con ellos”.

 

Se hacían planes para ir a Galilea. Se soñaba e el nuevo Reino de Israel. Tomás trató de compartir el entusiasmo y la alegría de todos. Estaban tan enfrascados en la conversación, que apenas notaron una nueva luz que iluminó la sala. Pero una voz muy conocida los arrancó hacia el Señor.

 

-¡La paz sea con ustedes!-
Tomás se quedó sentado. Trató de ocultarse.
-¡Tomás, ven!- le dijo el Señor Jesús.
El apóstol apenas pudo dar unos pasos.
-Tomás -volvió a insistirle Jesús- acércate. Mete aquí tu dedo y ve mis manos; trae tu mano y métela en mi costado.-
Tomás sintió, en su mano temblorosa, la carne viva de su Maestro. Palpó la fuerza del pecho ardiente. ¡No soportó más!
Entonces, de su dolor y de su incredulidad, nació el grito de fe más hermoso que escuchara Jesús:

 

-“¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!”-

 

-Tomás, ahora crees porque me has visto- le dijo Jesús. ¡Felices los que sin ver han creído! Tomás levantó el rostro. Y en medio de sus lágrimas veía al Señor Jesús claramente… ahora que ya nadie lo veía.

 

(El Señor Jesús. Enrique Ponce de León, S.J.

Buena Prensa. Págs. 19-21)